lunes, 31 de agosto de 2015

El nudo

Fugaz desató 
del colgante el nudo
que desde Junio 
llevaba decorando mi balcón.

Un simple movimiento que en mi mano
iba a quedar torpe,
que no iba a coincidir
con la sutilidad del reloj.

Días en que
las hojas amarillas
van escribiendo postales,
y hay un nido creciendo
en el hueco del aire.

El olor a mandarina y
los vendedores ambulantes.
Las páginas del libro
en que no gana la furia.

Lo dejé ahí, al nudo, sobreviviendo
a las pasiones que nos desbordan.

Y el viento pasó, solito,
y desató la guirnalda.
Liberó las mariposas.

Todo pasó
hace segundos
en mi balcón.

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